El Agente inmobiliario en pelota picada

La explotación sin muchos miramientos de la esfera de influencia personal de los comerciales, la detección de gente solitaria y su erección a la categoría de chivatos locales, o la compra directa de exclusivas con dinero, falsos compradores o regalos promocionales son prácticas perfectamente legales y, además, efectivas. La cuestión es si ese es el tipo de profesional inmobiliario que queremos que nuestros Agentes sean y si es el perfil de personalidad pública que queremos que se identifique con nuestra marca. O, siendo un poco bruto, poniendo una trampa emocional pero clarificadora en formato pregunta capciosa: ¿Es esa la reputación de la empresa que te gustaría que heredaran tus hijos? Afirmo con rotundidad que ser Agente inmobiliario es una de las cosas más serias que se puede ser en esta vida. Se trata, nada más y nada menos, de asesorar y ayudar a la gente a la hora comercializar su mayor activo patrimonial en un mercado inmobiliario altamente competitivo o a la hora comprar un inmueble que constituirá la base de su vida familiar y personal durante un largo período de tiempo. Asuntos muy serios y comprometidos, se miren por donde se miren. Además, el sector de la comercialización inmobiliaria siempre ha sido, ahora aún más, un ejemplo típico de “océano rojo”, un ámbito plagado de depredadores en busca de una presa, que en muchos momentos se agreden mutuamente sin...

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