Desde que tuvimos las primeras noticias de un virus nuevo en China hasta que nuestros hospitales y el Sistema Sanitario se vieron desbordados, apenas pasaron cuatro meses. La crisis del Covid 19 -o de la Covid 19, según preferencias- se desató en un abrir y cerrar de ojos, aterrorizando a la población y aturdiendo a los poderes políticos, que se comportaron como el boxeador sonado al que los mamporros del adversario dejan desorientado y tambaleándose. Al final nos confinaron en casa, vivimos una nueva normalidad que solo fue un espejismo por tres meses y ahora estamos aquí en plena segunda oleada. El mercado inmobiliario, y esto es lo mejor, se ha resentido pero no se ha desplomado. Lo preocupante sería que esta crisis, entre oleada y oleada, se alargara en el tiempo deteriorando la economía hasta el punto que volviéramos a las vacas flacas, que ya sufrimos con la Gran Crisis y que duró, como en el episodio bíblico, siete años más o menos.

Cuando estás viviendo una crisis, parece que no va a terminar nunca. Yo voy por la cuarta, y puedo certificar que se acaban. Y de hecho, esta crisis tenía los días contados desde el principio, porque no hay pandemia que dure más de dos años en un mismo territorio, aunque pueda resurgir en otros con tanta o más virulencia. No es cuestión de encontrar una vacuna -ese es un lujo reservado para los tiempos recientes- sino de lograr la inmunización colectiva cuando una parte sustancial de la población se ha infectado y resistido, o en el peor de los casos ha sucumbido al patógeno. También está el aprendizaje colectivo de la población. Eso se está demostrando en esta pandemia por el hecho de que los lugares que sufrieron más intensamente la primera ola, resisten mejor a la segunda. Y ni qué decir tiene que la escasa incidencia en los países asiáticos tiene todo que ver con la experiencia previa en epidemias similares que, para suerte de Occidente, quedaron relegadas a esa parte del mundo.

En cualquier caso, todo apunta a que la epidemia de COVID 19 estará desactivada cara al próximo verano. Se habrá tratado de una crisis en forma de U, con una caída fuerte de la economía, un valle relativamente prolongado y un resurgir que esperamos sea vibrante, y mucho más si va acompañado de una cierta relajación de las tensiones planetarias con la llegada al poder de un presidente moderado a la Casa Blanca. Podría haber sido una crisis en V, como en China, si los políticos en Occidente, y en nuestro país específicamente, no se hubieran empeñado en convivir con el virus en vez de suprimirlo radicalmente, por temor a un daño mayor en la economía.

De este período habrán surgido cosas positivas para la Sociedad, el Sector inmobiliario y los empresarios y profesionales que desarrollan su negocio en ese ámbito. Desde luego no será un año para tirar cohetes en cuanto a los resultados de las empresas aunque, como siempre en nuestro Sector, la cosa irá por barrios. En todo caso, el empleo de la mayor parte de los sectores, excepto en los más afectados, que todos tenemos presentes, ha resistido relativamente bien y no hay por qué dudar de que, con la inyección de fondos europeos, no se recupere rápidamente de cara, eso sí, al segundo semestre. Afortunadamente, no dará tiempo a que veamos un desastre parecido al del sector inmobiliario en la Gran Crisis, que acabó afectando de forma casi terminal al Sistema financiero, por lo que tuvo que ser rescatado en una parte sustancial

Lo positivo de esta Crisis para los inmobiliarios

Lo más interesante de cara al futuro del sector inmobiliario es que las plataformas de comunicación telemática han eclosionado y se han consolidado a nivel de usuarios de toda laya y condición, No es casualidad que las acciones de Zoom y de las grandes tecnológicas subieran con el estallido de la pandemia y bajaran con el anuncio del éxito de la vacuna de la farmacéutica alemana Biontech apoyada por PFizer. Pese a las bajadas, está claro que lo que hasta ahora se limitaba a Skype, ha estallado en opciones que afectan directamente a la forma en la que nos podemos comunicar con nuestros clientes para venderles nuestros servicios de comercialización y, por supuesto, para enseñarlas las viviendas que hemos captado. A esto se suma la facilidad para utilizar las Redes Sociales como plataformas para la difusión de directos, ampliando las perspectivas para los Open House online y seminarios para clientes. El uso de la comunicación multimedia habrá crecido en un año lo que hubiera costado desarrollar en cinco, en cuanto a mejora de la tecnología y sobre todo, a su difusión entre el público en general. La comunicación telemática también abre grandes avenidas para la formación y el coaching online.

De forma indirecta, también vamos a vivir un salto cualitativo y cuantitativo en el cambio a una economía verde y descarbonizada, algo muy importante para un sector como el inmobiliario, que es responsable de casi un tercio anual de emisiones de CO2 (básicamente por la producción de cemento para la construcción y por la calefacción de los hogares). El marcado por la Unión Europea en su declaración de emergencia climática en 2019 es reducir esas emisiones en un 45% para la próxima década. La “ola verde” que se avecina en el sector inmobiliario producirá el mismo efecto que la transformación de la televisión analógica en digital: la gente querrá casas energéticamente eficientes y eso impulsará el mercado de reposición de obra nueva (con cemento producido por energía renovable) simultáneamente con la liberación subsiguiente de viviendas usadas y potenciará el servicio de reformas para las Agencias. El posicionamiento como Agencia inmobiliaria experta en viviendas ecológicas era ya una apuesta ganadora antes del Covid 19, y lo será mucho más cuando la crisis acabe. Es conveniente resaltar que esta “ola verde” va a ser en un 50% fruto de la demanda de un público más concienzado con los efectos devastadores del cambio climático y otro 50% proveniente de la voluntad de los gobiernos del mundo y de la Unión Europea en especial para promover un cambio de modelo energético que beneficie al Planeta y a todos los países del mundo, con la notable excepción de los países productores de petróleo. Pero, como decía un experto “la edad de piedra no se terminó porque se acabaran las piedras”.

Aprovechar la fase final de la Crisis

Todo esto puede parecer casi ciencia ficción escrito a mediados del mes de noviembre del 2020 en plena segunda oleada de la pandemia que está provocando miles de fallecimientos diarios, pero no debemos confundir unas crisis con otra. Esta que estamos viviendo no afecta a ningún parámetro esencial de la economía mundial, como sí lo hicieron las crisis de las subprime o los choque petrolíferos de finales de los 70 y principios de los ochenta. Esta es una crisis que no ha sido provocada por ningún factor económico sustancial, aunque haya afectado a sectores importantes de nuestra economía, por el peso del turismo y la restauración en nuestro PIB. . Es una crisis que pasará, sí o sí, en un tiempo relativamente corto en relación con los ciclos de expansión y depresión económica habituales. Recodemos que la Gran Depresión duró más de 15 años y la Gran Crisis, por lo menos 7 en su fase más intensa.

En los meses que nos quedan por pasar, hay que estar atento a las bajadas de precio de las viviendas, que no serán tan sustanciales como en la Gran Crisis, pero van a generar oportunidades de cara a la recuperación posterior. No hay que olvidar el boom que para las Agencias supuso encontrarse con abundantes captaciones en precio, consecuencia de la larga Gran Crisis, en un momento en que la demanda se recuperó y los compradores que estaban a la espera de que se despejara el horizonte económico se lanzaran a comprar. Hablo de los años 2015 y 2016, que muchos profesionales recuerdan como los años dorados de la pasada década. Aunque en menos proporción, es previsible que ese fenómeno se produzca también en el segundo semestre del próximo año. Empezando, como siempre, por los inversores a la búsqueda de oportunidades para rentabilizar su capital

También la situación ambigua de estos meses nos da la oportunidad de reforzar nuestro equipo de comerciales e incluso nuestro staff administrativo. Es normal que muchos comerciales hayan entrado en un ERTE o sufrido un ERE, y no necesariamente en el sector inmobiliario. También como sucedió en la Gran Crisis, la oportunidad la pintan calva para pescar talento en río revuelto, especialmente con el reclutamiento de autónomos con vis emprendedora que se adapten al modelo marketcenter, que tan buenos resultados les dan a las franquicias norteamericanas como REMAX o con ADN norteamericano como COMPRARCASA

Un nuevo impulso

Por último, me gustaría incidir en una idea que utilizo para mí mismo y para mi proyecto empresarial, y que espero pueda servir al tuyo: los sufrimientos de estos meses habrán merecido la pena si nos han ayudado a reflexionar sobre nuestro negocio y a explorar ideas para mejorarlos. Me consta que las empresas de marketing y tecnología, así como los formadores y coach que pueblan el universo de los proveedores inmobiliarios, nos hemos visto sorprendidos por la demandas de información de los profesionales inmobiliarios que aprovechaban este receso obligado para interesarse por opciones de contratar nuestros servicios. Lo importante ahora es consolidar esas mejoras y esas incorporaciones de servicios externos que hayas contemplado para darle un nuevo impulso a tu  proyecto. Si lo consigues, entenderás eso tan manido de que las crisis son  una etapa preñada de oportunidades