Muchos recordarán todavía –apenas hace diez años- los últimos SIMA de proporciones faraónicas, que suponían el mejor reflejo de la enorme burbuja inmobiliaria que se desarrolló en este país durante los primeros años del presente milenio.

Eran aquellos SIMA de los años 2005, 2006 y 2007, que abarcaban hasta reventarlos tres, cuatro, o cinco enormes pabellones del IFEMA y que requerían cuatro o cinco días de plena dedicación si querías visitar los diferentes stands con cierta tranquilidad y sin muchas prisas. Destacaban las enormes construcciones efímeras de los organismos públicos, con los bolsillos hinchados de dinero gracias a las abundantes tasas e impuestos devengados por la febril actividad inmobiliaria, seguidos de cerca en tamaño y generosidad gastronómica por los bancos, las promotoras y, siempre ahí en un lugar normalmente más discreto que los anteriores, las redes en franquicias y algunas macroagencias inmobiliarias.

De la exuberancia de aquellos SIMA –capaces de hacer viajar de Estados Unidos a los inmobiliarios americanos para ver lo nunca visto en el mundo, y muchos menos en su país- pasamos de golpe y porrazo a los SIMAS raquíticos de pabellón único y con más huecos en las galerías que agujeros tiene un queso gruyére. Si alguien hubiera querido poner un ejemplo evidente de la decadencia del sector, le hubiera bastado con poner juntas las fotos de unas y otras ediciones del SIMA.

Hay que felicitar por tanto a los empresarios responsables del evento por su resiliencia (que se dice ahora) o por su capacidad de aguantar el chaparrón (que diría un castizo). Porque si hay también, de nuevo, una imagen clara del renacer del Sector inmobiliario la hemos podido contemplar en la edición del SIMA correspondiente a este año, y que aún cuando escribo este post se sigue celebrando.

Está claro que aún estamos muy alejados del número y tamaño de expositores aquellos años de lujo, como tampoco estamos en las cifras de producción de obra nueva y transacciones inmobiliarios de aquella época. Tampoco creo que nadie sensato, y mucho menos los que vivimos en y de este sector de una u otra forma, lo echaremos en falta, dado el amargo recuerdo que nos ha quedado del nefasto fin de fiesta.

Así que ni falta hace volver a la exuberancia irracional de pabellones repletos de viandas, cócteles sin freno y noches de neón por los garitos de la city. Los nuevos tiempos son los de cierta austeridad en los stands, los de mayor participación del público buscando ante todo eco y likes en las redes sociales y, sobre todo, son los tiempos de aprovechar los SIMA para hacer auténtico networking y contactar con clientes cualificados, y con cuantos menos turistas inmobiliarios, mejor.

Y creo que por ahí van los tiros, aunque algunos se resistan a abandonar el reparto a granel de suculentos cortes de la paletilla de jamón, tan poco vegana por una parte y tan de agradecer por la otra. Pero sí, entre la maraña de las promotoras –se nota que hay suelo urbanizado para dar y regalar y que el lema de estas empresas sigue siendo “tú (promotor) construye, que ellos (los compradores) ya vendrán”, los SAREB y los portales de turno, se abren paso iniciativas de valor para nuestro sector, que para mí constituyen los mejores brotes verdes del nuevo paradigma inmobiliario y la mejor evidencia de que algunas lecciones, afortunadamente, hemos aprendido entre golpes y bandazos de la puta crisis.

Especial regocijo me produjo la presencia de la Asociación de Home Staging de España, una más que loable iniciativa de aportación de valor al cliente propietario en el núcleo del proceso de comercialización de una propiedad. Con el mismo nivel de presencia –discreta pero suficiente- estaba la Asociación Española de Personal Shopper Inmobiliario, otra tendencia que certifica que nos encontramos en una transición irreversible de un modelo basado en la información y la intermediación a otro basado en los servicios de valor añadido y la representación. El que estuvieran allí presentes me permitió saludar personalmente a unos y otros, y en concreto a mis buenos amigos José María Alfaro y Cristina Reparaz. Les deseo desde aquí una suerte inmensa con sus respectivos proyectos asociativos.

Y hablando de brotes verdes y nuevos impulsos al Sector, me gustaría resaltar la pujante presencia –evento de jornada completa incluido- de MLS España, un proyecto hábilmente gerenciado por mi respetado y admirado Javier San José, al que respetaría y admiraría mucho más si no siguiera confundiendo mi nombre con el de Moisés (es broma Javier: me puedes llamar como mi amigo Moisés Ruiz las veces que quieras y no te lo tendré en cuenta casi nunca).

Javier Sierra y Celina Sáez, de REMAX, junto con el propio Javier San José, presentaron en SIMA el Clúster inmobiliario que se está conformando alrededor de MLS España. Me parece una iniciativa especialmente interesante porque, en primer lugar, es una forma de reconocimiento a aquellas empresas, como es el caso de inmoTOOLS, que realmente formamos parte inseparable de este sector y sin embargo no hemos captado ni vendido una sola propiedad en nuestra vida. Los Clúster, cuyo concepto fue presentado brillantemente por Celina en el evento, fomentan la integración horizontal y vertical de un sector o subsector económico concreto. Podría ser todo el inmobiliario (incluyendo las pretenciosas Consultoras y los prepotentes Promotores), lo que estaría fenomenal, o solo el segmento de la comercialización de propiedades, lo que está aún mejor, ya que la problemática es más común, y por tanto, la tendencia natural es la de centrarse en soluciones más específicas.

En el Clúster inmobiliario se deberían integrar además con el tiempo, o ya están integradas, todo tipo de entidades formativas superiores y organismos públicos de diferentes ámbitos y conformaciones. Bien diseñado y dinamizado, un clúster sectorial permite avanzar a pasos de gigante en tecnología, normalización e integración de las diferentes estructuras que conforman el sector. Los clúster además, son el formato preferido por las autoridades europeas para el fomento económico y, por tanto, son receptores naturales de multitud de líneas de apoyo y financiación de fondos de desarrollo europeos. Sinceramente, creo que ninguna empres o asociación con intereses en el progreso del Sector inmobiliario, debería mantenerse aparte de este espléndido proyecto.

La relación de temas de interés que puedes ver en el SIMA de este año es bastante más extensa, con la ventaja de que la Exhibición en sí siga limitada a un solo stand y lo puedes ver en media jornada un poco larga.

Tal vez haya que volver a que lo pequeño es hermoso. Desde luego no voy a ser yo el que sienta nostalgia y reclame el regreso de aquellos extenuantes megaSIMAS de la época de la gran burbuja. Entre otras cosas, porque aún no hemos limpiado del todo toda la mierda que se expandió con su pestilente estallido.