2016 pasará a la historia como el año en que redescubrimos la realidad virtual. Y digo redescubrimos porque la realidad virtual lleva con nosotros por lo menos desde los años 30, en su formato de proyección futurística en los relatos de ciencia ficción. Y desde los años 80 en los comienzos de la tecnología que ahora acabamos de redescubrir, y que tuvo sus primeros fracasos comerciales, protagonizados por las gafas de realidad virtual de Sega y la Virtual Boy de Nintendo, en los años 90.

La realidad virtual sufrió durante muchos años de un exceso de expectativas frente a una implementación frustrante. La escasa potencia de computación disponible en la época impedía una experiencia de usuario lo suficientemente satisfactoria. Los mareos y vómitos al ponerse las inevitables gafas eran el resultado más frecuente en los usuarios de estas primeros artilugios de realidad virtual.

No fue hasta hace escasamente tres años que se desveló en WIRED  los primeros avances serios y rupturistas de una tecnología clásica que habría conseguido superar por fin sus grandes defectos anteriores. Y sucedió de la mano de Oculus Rift, comprada el año pasado por Facebook en una de las operaciones de adquisición más alabadas del sector tecnológico.

Esa compra supuso el pistoletazo de salida para el relanzamiento –esta vez en serio, sin temor a vómitos ni mareos- de la realidad virtual a nivel del gran público. Desde Oculus hemos vivido una eclosión de nuevos lanzamientos de gafas, cámaras y consolas, desde la Samsumg Gear y HTC Vive, pasando por Google Daydream View, y finalizando grandiosamente con la Sony PlayStation VR.

El ámbito de desarrollo por antonomasia de la realidad virtual son los videojuegos, con una historia recurrente de incorporación de los mejores y mayores avances tecnológicos. No por nada la industria de los videojuegos es la que más dinero mueve en el sector del entretenimiento , muy por encima del cine, de la música y, cómo no, de los libros.

Pero la industria inmobiliaria no se está quedando atrás. La parte menos productiva de una agencia inmobiliaria es el servicio de ventas, y en concreto las visitas de inspección con compradores. Cualquier ayuda para descartar viviendas y centrarse en las que más posibilidades tienen de ser elegidas supone un incremento sustancial de productividad. De hecho, no entiendo sinceramente cómo algunas Agencias todavía se lo están planteando. La realidad virtual es al sector inmobiliario ahora como fue la fotografía digital en los años noventa. ¿Alguien todavía piensa que puede tener un negocio inmobiliario sin una cámara digital y las plataformas online que dan soporte a la visualización de sus fotos?

Es cierto que la tecnología avanza a una velocidad de vértigo, y que los costes de equipos, cámaras y plataformas están evolucionando, para mejores soluciones y más baratas, casi cada día. Pero las ventajas que otorga y la productividad que resulta de poder descartas visitas a pisos innecesarias es tal que hasta las soluciones más caras resultan convenientes y amortizables en un período de tiempo muy corto. Si tuviera que mojarme, recomendaría la de Imagina VR, una solución integral y de gran calidad, muy bien adaptada y desarrollada por un equipo de ingenieros ligados a la Universidad Politécnica de Valencia.

Pero no solo es ganancia de productividad para la Agencia. Los argumentos de cara al propietario, y por tanto a la captación, son incontrovertibles: podemos asegurarle menos molestias con las visitas gracias a una mejor preselección de los compradores, y un alcance a compradores  sustancialmente aumentado y mejorado. Música celestial para los oídos de los vendedores. En definitiva, estamos creando valor y poniéndonos en valor frente a los propietarios.

No menores son los argumentos frente al comprador, ya que le facilitamos una mejor experiencia de compra y una capacidad de decisión aumentada gracias a la comodidad que proporciona la realidad virtual. Su impacto en la inmobiliaria vacacional está siendo ya muy significativo

Sin olvidar los aspectos puramente de imagen de marca, ya que la adopción de una herramienta tecnológica avanzada en nuestra Agencia siempre mejorará la percepción del público, sobre todo si lo sabemos transmitir convenientemente.

Tan conveniente es la incorporación de la realidad virtual a las Agencias inmobiliarias que pronto pasará de ser una ventaja competitiva para los que la tengan a una desventaja competitiva para los que no la tengan. Como pasó con las tarjetas de crédito en los comercios, la realidad virtual dejará pronto de ser una opción para convertirse en una necesidad imperiosa si no quieres quedarte atrás.

Pero más allá de la realidad virtual, el futuro nos depara una auténtica avenida de innovaciones en este campo. En primer lugar, la realidad aumentada, que permite añadir capas de información sobre las imágenes que estamos visualizando en la cámara del móvil. Esta tecnología ya está en uso por los grandes portales en sus aplicaciones móviles, colocando una capa de información acerca de las viviendas en venta que depende de nuestra geolocalización y que se superpone sobre la imagen de nuestra cámara, variando conforme nos movemos o nos giramos. Que la realidad aumentada ya es una tecnología madura lo demuestra el fenómeno reciente –por no decir locura colectiva- del Pokemon Go, una de sus aplicaciones al terreno de lo lúdico.

Una tecnología llamada Tango, desarrollada por Google, será de gran efecto para el sector inmobiliario. De Tango se derivarán múltiples aplicaciones de realidad virtual y aumentada. Una app llamada “Measure”, por ejemplo, permitirá conocer las medidas de una habitación o de cualquier objeto simplemente apuntando a él. Una vez que tenemos la estancia en tres dimensiones, podremos interactuar con diferentes bases de datos para realizar modificaciones de muebles, pintura, decoración o iluminación alternativa. En esa misma línea irá la tecnología HoloLens, desarrollado en este caso por Microsoft,  que permitirá interactuar de forma virtual con nuestro cliente comprador. Unas gafas capaces de proyectar información invisible, excepto para el ojo del que las lleva, permitirán que un comercial tenga disponible toda la información de una propiedad mientras la está enseñando.

La realidad virtual tal como la conocemos, con sus gafas galácticas y un poco ridículas no son, por tanto, el final de nada sino solo el principio de un mundo de posibilidades tecnológicas que se irán abriendo a partir de ahora a los profesionales inmobiliarios.

Sin duda los portales acabarán ofreciendo también este tipo de soluciones a sus clientes particulares pero les costará competir con el servicio integral que ofrece una Agencia, como ya les ha sucedido con el vídeo y los tour virtuales. Creo firmemente que el ámbito de puesta en valor de estas nuevas tecnologías, en su versión inmersiva, será siempre la sala de presentaciones de nuestra Agencia, que deberemos cuidar especialmente para convertirla en un espacio de experimentación y disfrute de nuestros equipos de VR por parte de los compradores que nos visiten. Una instalación de este tipo, tan atractiva para el público, pondrá aún más en valor la Agencia física a pie de calle.

La realidad virtual es sin duda un “win, win, win”: los compradores disfrutan y ven más propiedades en menos tiempo y sin esfuerzo, los vendedores sufren menos visitas y rupturas de su intimidad, y nosotros ganamos en eficiencia y productividad. Una propuesta, en definitiva, irresistible.

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