A este tal Taylor, y a su libro Principios de Management Empresarial, que puedes comprar en versión digital en amazon.com por un miserable euro y pico, debemos en  gran parte  la eclosión industrial en el siglo XX, y también el imponente desarrollo de la productividad en casi cualquier sector de actividad en las últimas décadas. Ford aprendió de él, y aplicó sus teorías a las cadenas de montaje de automóviles. Para conseguir un automóvil barato, al alcance del bolsillo de los propios trabajadores que lo fabricaban, su objetivo confeso, Ford redujo su oferta a un solo modelo y a un solo color. Una de sus más celebradas frases fue: “usted puede comprar un Ford T de cualquier color que quiera, siempre que sea negro”.

La búsqueda incesante de incrementos de productividad por parte de las empresas actuales, con el fin de aumentar los beneficios y competir de forma más eficiente en mercados globalizados, ha vuelto a poner de moda a Taylor, y  su posterior actualización conceptual en el denominado taylorismo digital, desarrollado con posterioridad por los economistas y pensadores Philip Brown, Hugh Lauder y David Ashton,  que aplicaron  sus mismas ideas de incremento de la productividad pero en este caso con el añadido de la incorporación de la informática en diferentes partes de los distintos procesos de trabajo.

En mi opinión, Taylor tiene mucho que enseñar a los emprendedores y gerentes del sector inmobiliario, así que creo que merece la pena repasar algunos de sus grandes conceptos, de resultados más que comprobados, y sus posibles aplicaciones a nuestra industria.

Taylor es conocido sobre todo porque preconizó la necesidad de reducir procesos complejos a tareas simples, de ahí su idea de la cadena de montaje. Obviamente no vamos a desarrollar una cadena de montaje en nuestra oficina, pero lo de reducir los procesos complejos a tareas simples, sin duda que nos vale. Y tiene muchísimas ventajas.

Por lo pronto, las personas que desarrollan tareas sencillas y repetitivas, acaban ganando una gran destreza en lo que hacen. El taylorismo como teoría va siempre unido a la práctica de la medición de los tiempos. El cronómetro es su gran herramienta de trabajo. “Si no se puede medir, no se puede gestionar”, dice Taylor, con una frase repetida hasta la saciedad por los teóricos y prácticos del management empresarial que se inspiran en su doctrina, muchas veces sin tener conciencia de ello. Medir plazos para un proceso complejo es difícil, hacerlo con una tarea más simple, es mucho más sencillo.

Obviamente es más fácil construir procesos complejos a partir de tareas simples y desarrollar las habilidades inherentes a la rutinización de una tarea cuando la empresa es grande y con muchos trabajadores. Pero otra opción en estos tiempos, es el trabajo a tiempo parcial. Podemos contratar a dos personas a media jornada para que hagan tareas más simples y repetitivas, cada una de ellas, en lugar de contratar a una persona toda la jornada para que haga tareas distintas.

Al despiezar procesos complejos y convertirlos en tareas simples, realizadas por personas especializadas, ganaremos sin duda en productividad. Básicamente porque podremos enfocarnos en las habilidades de cada empleado. Un ejemplo típico de enfoque taylorista son los restaurantes de comida rápida tipo McDonalds, cuya división de tareas les permite trabajar con mano de obra estudiantil. Cada proceso requiere una formación muy básica, accesible en un muy tiempo corto, lo que permite una mayor rotación de empleados sin graves consecuencias para el proceso.

La división en tareas simples de los diferentes procesos permite, y esto es importantísimo, la introducción de automatismos soportados en un software específico y, no tengas la más mínima duda, en robots. El escaso rendimiento que se saca en muchas agencias a los CRM inmobiliarios tiene mucho que ver con la falta de estructuración de las tareas y escasa división del trabajo. Un asesor comercial inmobiliario que se implica tanto en la captación como en la venta, tiene muchas probabilidades de hacer algunas de las dos cosas mal. O lo que es peor, hacerlas mal ambas. En mi ámbito de conocimiento, el marketing inmobiliario, desde luego que es fundamental la automatización de los procesos de maduración y  seguimiento de contactos con herramientas de marketing estandarizadas.

Es muy difícil, por ejemplo, encontrar en un mismo Agente las capacidades de captación –que es una venta de servicios profesionales- con las de venta, que requiere las mismas habilidades que las de cualquier vendedor de productos complejos, sin menosprecio de la importancia de su trabajo. Pero –seamos sinceros- un buen captador es casi insustituible en el modelo de negocio basado en la exclusiva. Un buen vendedor de viviendas no lo es tanto, o al menos es más fácil de sustituir.

Otra característica fundamental preconizada en los modelos de producción tayloristas es que la capacidad de medir los rendimientos de los trabajadores, derivada a su vez de la simplificación de los procesos en tareas simples, nos debe permitir establecer un sistema racional de incentivos, clave para la mejora de la productividad de la empresa, de nuestros beneficios como consecuencia y de la satisfacción de los propios empleados, finalmente, que no es poco. Y no hablo solo de los comerciales, que es obvio. Los incentivos por cumplimiento de objetivos funcionan igualmente bien para cualquier área en la empresa, aunque sea la de coordinación, gestión documental o marketing.

La “organización científica del trabajo” de Taylor, expresada en su libro antes reseñado, está lleno de buenas e interesantes ideas que no cabrían en un post. Una de ella es el “principio de excepción” para la elaboración de los informes que llegan a la dirección por parte de cada departamento de la empresa. Estos informes deben ser reducidos en extensión y deben destacar dos cosas fundamentalmente: las excepciones buenas y las malas. Son esas excepciones las que nos ayudarán a aprovechar las oportunidades y evitar las amenazas que van surgiendo en el desarrollo de los ciclos productivos de la organización.

Y aunque, hasta donde yo sé, Taylor nunca habló de ello, una ventaja impagable para un empresario inmobiliario de su método de organización del trabajo es que hace más improbable el hecho que alguno de nuestros empleados decida independizarse y hacernos la competencia. Al fin y al cabo, su conocimiento del negocio estará limitado a las tareas específicas que ha desarrollado en nuestra organización.

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