Los años bisiestos fueron instaurados por Julio César en el año 46 antes de Cristo, y tienen por objeto rectificar el desfase que se produce entre el calendario de 365 días por el que nos regimos y el ciclo Tierra/Sol, que dura algunas horas más . Para corregir el desfase histórico, ese año 46 tuvo 445 días, y por eso fue denominado “el año de la confusión”. A partir de ahí se empezó de cero y, para que no ocurra lo mismo, se añade un día al mes de febrero cada cuatro años. Eso es lo que ocurrirá este año que, como bisiesto, tendrá un 29 de febrero.

Algunos creen que los años bisiestos dan mala suerte. El consenso generalizado entre magos y augures es justamente el contrario: los años bisiestos traen buenas noticias y fortuna sin cuento a los mortales como nosotros. En la antigua Roma se aprovechaba el día extra para celebrar fiestas y bacanales, con espectáculos gratuitos para la plebe (eso en sí era una gran suerte). Bien mirado, es fantástico contar con un día extra de vez en cuando.

A mi me gusta quedarme, por el contrario, con el significado de “rectificación del curso” que implica esta corrección cada cuatro años, ya que en las empresas, como en la vida, hay que pararse a reflexionar de vez en cuando  intentar corregir el rumbo, algo inevitable si quieres llegar correctamente a tu destino, ya que la fuerza de la corriente, o el desgaste del tiempo, nos tienden a desviar del camino lineal entre origen y destino.

En este sentido es muy importante reflexionar lo que queremos conseguir y donde queremos llegar. O lo que es lo mismo, reformular nuestro valores, visión, misión y objetivos, como profesionales y como empresa. Pero ¿qué significan estas expresiones tan manidas últimamente en el marketing corporativo

Valores

Los valores son los principios en los que se debe asentar el resto de parámetros que definen nuestro proyecto empresarial, que se identifica con nuestra marca. La mejor estrategia para establecer nuestros valores corporativos (que en gran medida son valores personales en la medida en el que estamos en un negocio de personas tratando con personas), es imaginarnos cómo queremos que nos vea la gente. La definición clásica de reputación personal, aplicable en este caso a nuestra marca, es “lo que la gente dice de nosotros cuando salimos de la habitación”.

Como ocurre en el resto de declaraciones corporativas (visión, misión y objetivos), no se puede ser todo en todo momento. Hay que elegir y decantarnos por los valores que consideramos más afines a nuestro  de empresa y a nuestra persona. Por ejemplo, no se puede poner por encima la satisfacción del cliente cuando queremos ser sobre todo transparentes: la transparencia implica decir cosas que a menudo pueden molestar a la persona que tenemos en frente nuestra, que puede ser un prospecto o un cliente.

Visión

En la visión debemos intentar visualizar nuestra profesión y nuestra propuesta de valor a los clientes a largo plazo, diez años vista es un período usual. Es un ejercicio de prospectiva, e implica una definición genérica de nuestro papel en la economía y en la sociedad. Debemos considerar el valor que aportamos a nuestros “stakeholders” (la gente o entidades que tienen una apuesta legítima en el éxito o eventual fracaso de nuestra actividad).

En la visión de una Agencia inmobiliaria conviene decantarse entre binomios como eficiencia/excelencia en los servicios, tecnología/servicio personal, foco/diversificación, propietarios/compradores, exclusiva/abierto, etc.  La decantación por una parte u otra del binomio no significa en absoluto que no tengamos en cuenta la otra parte, pero es una elección que tenemos que hacer y establecerá el énfasis que queremos poner en el futuro en la opción elegida

Misión

Partiendo de los valores (que irán unidos para siempre a nuestra identidad corporativa e incluso personal), y de nuestra visión de largo plazo del entorno profesional o el campo de juego en el que nos vamos a mover (por evolución natural o por decisión propia), hay que establecer la misión de nuestra empresa.

La misión resulta de una concreción a medio plazo (cinco años es un plazo habitual) de nuestro objetivo estratégico como corporación. En resumen, a donde queremos llegar. A diferencia de los valores y de la visión, en la misión debemos concretar lo máximo posible. Aquí se admiten definiciones relativas en cuento al mercado o los mercados que servimos, o cuota de mercado a alcanzar o posición en relación con nuestra competencia.

O podemos formular nuestra misión en términos más ambiguos o subjetivos. Al igual que algunos economistas proponen incorporar una especie de “medida de la felicidad” en los parámetros económicos de las naciones, junto a las de renta per cápita o PIB, podemos espiritualizar nuestra misión en función de parámetros más psicológicos.

Objetivos

Es la parte más comprensible de los “statements” corporativos, porque es la más concreta, pero al mismo tiempo requiere un esfuerzo de definición, lo que es más difícil. Los objetivos son los “waypoints” (o los puntos intermedios que se definen en la navegación para saber por donde debes pasar nuestra nave siguiendo el rumbo correcto). Los objetivos pueden ser de muchos tipos (facturación, reclutamiento, número de operaciones, etc), pero todos deben tener la misma característica: deben ser coherentes con la misión que nos hemos propuesto y acercarnos a su culminación.

Y de ahí al Plan de Acciones y Presupuesto

Lo único que nos faltaría para acabar de definir un Plan Estratégico de Empresa, sería un Plan de Acciones Anual, que debería recoger nuestra experiencia del último año y concretarla en acciones para el próximo revisables trimestralmente.

Inherente al Plan de Acciones son los KPI (key performances indicators), que nos irán marcando de forma cuantitativa los resultados de los diferentes programas en los que debemos agrupar las Acciones de nuestro Plan Anual. Esos mismo programas deben estar presupuestados para que resulte una herramienta útil.

Febrero puede ser un mes interesante para hacer este ejercicio de definición a largo plazo y planificación a corto. Todavía queda la mayor parte del año para cumplir los objetivos sujetos al año natural, y se aleja del agobio del fin de año tiene más recorrido que una planificación veraniega. Y además, este año tiene un día extra, lo que no es despreciable.